El Ingeniero y Yo

Eitel Lauría, por Eitel Lauría
Junio 25, 2018

No me fue fácil escribir esto. El deceso de mi padre, el Ing. Eitel H. Lauría, es muy reciente, y tratar de poner en blanco y negro algunos apuntes de su vida me emociona, naturalmente. Pero he sucumbido a un pedido de Hernán Huergo, que ha querido incorporar una biografía de mi padre  en su blog sobre los pioneros y pioneras de la informática argentina

Esta es una segunda edición, con algunas correcciones y agregados. Veamos como resulta.


A lo largo de sus 92 años de vida mi padre fue el arquetipo del profesor universitario de ingeniería, con una dilatada y meritoria carrera que inició en 1948 en la Facultad de Ingeniería de la UBA (FIUBA), como ayudante-alumno de trabajos prácticos.

Mi padre se graduó de Ingeniero Civil con Diploma de Honor en 1949, y en 1956 se hizo cargo de la cátedra de Mecanismos de la FIUBA junto al Ing. Osvaldo Falco, uno de sus grandes amigos. Su labor docente universitaria se extendería por más de cuarenta años, abarcando dos disciplinas -Mecánica Aplicada, e Informática y Computación- y un número de instituciones académicas en Buenos Aires (FIUBA, UTN, ITBA, Escuela Superior Técnica del Ejercito), en las que actuó como profesor y ejerció diversos cargos directivos.


Diploma de Honor Profesor Titular FIUBA

Un detalle histórico interesante es que, al igual que otros pioneros de la informática en la Argentina, mi padre llegó a la computación de manera indirecta. Mi padre era un especialista en engranajes, con trabajos de investigación que combinaban aspectos de mecánica racional y geometría analítica, con los que intentó con éxito darle un marco sistemático al análisis y diseño de engranajes (su trabajo titulado Mecánica Analítica de los Engranajes Helicoidales entre Ejes Alabeados fue muy bien recibido en Francia [2] y le valió el Premio Luis V. Migone, otorgado por el Centro Argentino de Ingenieros al mejor trabajo de ingeniería argentina en el período 1965-1969).

Mecánica Analítica Migone Nuevo

La naturaleza del cálculo requerida por sus tareas de investigación trascendía las capacidades técnicas de la regla de cálculo y de los ingenios electromecánicos disponibles en la época.

Su primer contacto con una computadora fue en CITEFA, en 1963, y el dispositivo era analógico. Un tiempo después,alguien de su entorno le brindó acceso, para procesar sus cálculos de engranajes, a una de las primeras computadoras que trajera IBM.  Mi padre me contaba que corría sus programas en una IBM 1620 que estaba en o cerca de la vidriera del edificio de IBM de Diagonal Norte [3]. Fue amor a primera vista: mi padre abrazó a la computación con fervoroso entusiasmo, pero nunca abandonó a los engranajes.

fragmentos

Esto es algo que conversamos muchas veces: a pesar de haber estado involucrado en el desarrollo de múltiples programas académicos de informática en por lo menos tres instituciones -UTN, FIUBA, ITBA- para mi padre personalmente, salvo por contadas excepciones, la computadora era el instrumento que utilizaba para hacer mejor ingeniería. Su verdadera pasión era la ingeniería, la geometría analítica, y los engranajes, por supuesto; no la computación. Yo en cambio percibía la omputación por la computación misma, y tenía muy poco interés en la geometría. Curiosamente, años más tarde, mi trabajo de tesis en redes Bayesianas me llevó obligadamente a tener que redescubrir la geometría, para satisfacción del “Ingeniero”, como acostumbrábamos a referirnos a mi viejo en familia.

Carlos Tomassino ha relatado en detalle como mi padre fue nombrado director organizador del Centro de Cálculo de la UTN Medrano y fue responsable de incorporar una IBM/360-D30 en 1967. Se trataba de la primera computadora de tercera generación instalada en una universidad argentina. La computadora contaba en ese entonces con 16KB de memoria operativa. Bajo la conducción de mi padre, el Centro de Cálculo de la UTN concretó una intensa actividad en materia de capacitación y desarrollo, incluyendo la organización de dos congresos de aplicación de la computación a la ciencia y a la ingeniería (1969 y 1971) en los ámbitos argentino y latinoamericano, respectivamente.

En el Centro de Cálculo mi padre contó con la valiosa colaboración de los ingenieros Luis M. Frediani, Horacio Biscardi, y su eterno amigo Osvaldo Falco. En esas aguas abrevó Gregory Chaitin [4], que recién llegado de Estados Unidos con escasos 18 o 19 años, ya había hecho contribuciones significativas en el tema de complejidad algorítmica. Mi padre lo apadrinó desde el principio y supo reconocer en Chaitin una mente joven privilegiada con una capacidad de razonamiento abstracto absolutamente superlativa. Su relación derivó en una amistad que se extendió a través de los años.

En 1969 mi padre propuso la creación de la carrera de Analista de Sistemas de la UTN [5], que bajo su responsabilidad se puso en marcha en 1970. Dicha carrera fue la primera en su tipo creada en una universidad nacional, y sirvió de modelo para otras creadas en el país en las décadas del ‘70 y del ‘80.

Mi padre ejerció la dirección del Departamento de Computación de la FIUBA entre 1980 y 1982. Asimismo, fue profesor de Sistemas de Computación en la Escuela Superior Técnica del Ejército General Manuel Savio durante los años 1974 y 1990. Entre 1986 y 1996 fue director del Departamento de Informática del ITBA, actividad que le permitió intervenir en el estudio y organización de la nueva carrera de Ingeniería Informática.

Ser portador del mismo nombre y apellido fue siempre causa de orgullo, pero debo admitir que, especialmente en mis años de alumno de la FIUBA, podía dar lugar a situaciones incómodas. Voy a dar dos ejemplos:

  1. En mi primera clase de Electrónica General, uno de los dos mellizos que estaban a cargo de la cátedra toma lista, y cuando llega a mi nombre pregunta: “¿Eitel Lauría? Alguna relación con el titular de Mecanismos?”. Yo contesto: “Sí, es mi padre”. El profesor replica: “Caramba, es la única materia en la que me bocharon”, seguido de un silencio profundo. La historia terminó bien, y yo aprobé la materia con muy buena nota; no sé si era cierto o el profe me estaba cargando, preferí no preguntar más.

  2. Abril de 1981, primera teórica de Mecanismos, aula 403 de Paseo Colón. Yo estaba ubicado en una de las gradas del auditorio y se me sienta un alumno al lado. Nos reconocimos de inmediato -los electricistas éramos solamente el 4% de la población de estudiantes, pero ninguno de los dos conocía el apellido del otro. En eso entra mi padre por el pasillo derecho con varios libros bajo el brazo y se aproxima a la tarima para iniciar la clase. Sin aviso, mi compañero de banco espeta: “el pelado éste vendrá a vender libros?”. Lo paré en seco: “Flaco, mejor dejalo ahí, el que está en la tarima es mi viejo”. Silencio abochornado. Nunca más volví a la teórica, por si acaso. Acordé con mi padre para que me diera clases particulares. Armamos una buena dupla: yo era buen estudiante, mi padre era buen profesor. Salieron como resultado muy buenos apuntes, con unos gráficos primorosos que compartí con algunos de mis compañeros. Aprobé Mecanismos con diez. El Ingeniero estaba contento. Años más tarde, ya egresado y actuando como docente en Computación I, descubrí que mi carpeta se vendía en el boliche de apuntes de la calle Estados Unidos, a tres cuadras de la Facultad.

mi libreta
La hoja de mi libreta de estudiante (yo era el Legajo Nro 47452) correspondiente a Mecanismos.
Mi padre por supuesto no corrigió mi examen, pero sí me firmó la libreta.

En sus tareas de investigación mi padre se valió fundamentalmente de Fortran [6], y también hizo alguna incursión en Algol; con el advenimiento de la computadora personal utilizó Applesoft Basic y UCSD Pascal en una Apple II; más tarde, a partir de mediados delos ‘80, y ya en una plataforma PC/Intel, migró sus programas a C y C++ (primero Borland TurboC en MSDOS, luego VC++ en Microsoft Windows). Alrededor del 2002 lo introduje a MATLAB (un lenguaje matricial, la panacea de los ingenieros, con reminiscencias de APL, pero sin sus complejidades sintácticas y de notación); mi padre estaba fascinado, jamás perdía el entusiasmo. Teníamos algunas diferencias de criterio en materia de estilo de programación: yo solía decirle en broma que programaba como un ingeniero civil; él contestaba que prefería darle prioridad a la obtención de resultados, que no quería perder tiempo extrayendo poesía de la estructura de un programa de computación.

Una de las colaboraciones académicas más entretenidas que tuve con mi padre fue el desarrollo del simulador para su curso de Sistemas de Computación I en la Escuela Superior Técnica. Mi padre había creado en papel una máquina ficticia con un set de instrucciones simple, un acumulador y varios registros. Le propuse que escribiéramos un programa para simular la máquina y de paso verificar los resultados de los ejercicios que preparaba para sus alumnos. Le encantó la idea y nos pusimos a trabajar. La primera versión la escribimos en Fortran por el año 1982, Mario Sackmann en el Centro de Cómputos del 4to piso de Ingeniería me dio una mano con el debugging. En 1983 lo migramos a una Apple II plus, para que los alumnos de la Escuela Superior Técnica pudieran correr los programas de manera interactiva -la Escuela tenía un laboratorio de Apple II. Esa versión era más sofisticada: tenía un pequeño editor para escribir los programas y le habíamos agregado la posibilidad de guardar los programas escritos en el set de instrucciones de la máquina ficticia en un floppy disk. Mi padre usó el programa varios años. Más allá de estas disquisiciones, es evidente que su primer encuentro con la computadora digital le abrió a mi padre un capítulo nuevo y vibrante en su vida profesional: se dio cuenta inmediatamente del gigantesco poder del instrumento y del impacto que la computación como disciplina tendría en la educación, en la ciencia, en la industria y en la sociedad moderna en general. Decidió por lo tanto involucrarse de lleno en la educación universitaria de computación e informática y lo hizo en el momento preciso, cuando estaba casi todo por hacer. Los resultados están a la vista.

Un buen ejemplo de esto fue el Plan 1979 de Análisis de Sistemas en UBA Ingeniería, bien documentado por Pablo Iacub en la publicación “Historia de la Industria Informática Argentina” de CESSI Argentina en 2014 [7]. La FIUBA contaba con una carrera de Analista Universitario de Sistemas de cuatro años, que buscaba formar asistentes informáticos para trabajos de ingeniería. Los dos primeros años de la carrera incluían dibujo técnico, geometría descriptiva, química, física, estabilidad, asignaturas completamente ajenas a la disciplina específica. Según Iacub, mi padre, junto con otros, había interpretado el giro de los acontecimientos en la disciplina: que las computadoras que venían al país se destinaban mayoritariamente al manejo de información de las empresas. Y vislumbró la oportunidad de insertar a la Argentina mundialmente en el desarrollo de software. Según palabras de mi padre ”…pensamos en aquel tiempo que la Argentina podría convertirse en un líder regional del software para empresas …”. Lo había iniciado en la UTN con la carrera de Analista de Sistemas y comprendió la necesidad del cambio en el programa de la FIUBA.

Transcribo algunos párrafos del documento de CESSI que son ilustrativos:

“Entonces la Facultad decidió crear una Comisión de Plan de Estudios para modificar el Plan de Analista. Esa Comisión estuvo integrada por el Ing. Eitel Lauría, el Ing. Isidoro Marín, el Ing. Guido Vasallo, la Dra. Chiosonne y el Ing. Jorge Saubidet. Trabajaron aproximadamente durante un año. Existía el antecedente que se aprovechó de la carrera de Sistemas de la Universidad Tecnológica Nacional que ya estaba operativa. En la Tecnológica trabajaba también el Ing. Lauría y otros profesores que estaban con él de la Cátedra de Mecanismos del Departamento de Mecánica Aplicada de la Facultad. Por su parte el Ing. Isidoro Marín pertenecía al Departamento de Economía, Organización y Legal de la Facultad y había creado la cátedra de Investigación Operativa. La Dra. Chiosonne era profesora de Matemática y estaba en Análisis Matemático III.

El grupo recabó información del ACM que ya tenía sus conocidos planes de carrera, y también de muchos otros lugares. Se pensó que, si bien la carrera no era típicamente de Ingeniería, dado que ya existía en la Facultad, lo mejor sería preparar un analista que tuviese la buena formación básica que da la Facultad de Ingeniería. Es decir, inculcarle una ‘mentalidad de ingeniero’. Se resolvió que a los fines del Analista no era necesario que cursara las Físicas. Se resolvió también que cuatro años era tiempo suficiente para formarlo. Se quería adoptar un enfoque práctico, no tener al alumno en la Facultad más tiempo del estrictamente necesario para formarlo en la profesión y que se volcara al medio (recordemos que en ese tiempo todas las carreras de Ingeniería eran de 6 años, sin contar el curso de ingreso).

Hubo dos cambios con respecto a la carrera anterior, creo yo, muy importantes: la orientación a gestión, como había visto yo en Francia, y la introducción del Algol como primer lenguaje de programación, como lo había estudiado Guido Vasallo en Essex. También muchos otros contenidos fueron propuestos por Vasallo. Creo que todo eso le dio a la carrera el carácter típico que aún conserva. … En suma, emerge una carrera de 4 años, muy densa, pero con una formación muy sólida tanto en programación y computación, como en temas empresariales, donde se aplicaban planes y contenidos de la currícula de ingeniería industrial.

A la vista de los años se puede ver que el emergente de aquel plan fue formar a gran cantidad de fundadores de empresas de productos de software, probablemente la carrera más pródiga en este sentido.”

En el 2007 mi Padre fue galardonado por la Federación Iberoamericana de Ingeniería Mecánica, recibiendo el premio al Personaje Ilustre de la Ingeniería Mecánica Iberoamericana. El acto de entrega debía realizarse como parte del VII Congreso Iberoamericano de Ingeniería Mecánica, a celebrarse en Cusco, Perú el 23 de Octubre. Los organizadores del congreso cometieron algunos errores. El primero de ellos fue pretender premiar a un ingeniero octogenario a 3400 m de altura. Mi padre no pudo asistir -el médico le dijo que, con sus problemas respiratorios, era un ticket de ida. El Ingeniero me pidió por lo tanto que asistiera a la ceremonia y recibiera el premio en su nombre. Personaje Ilustre
En cuanto al segundo error, mi email reportando lo acontecido a mis hermanos y mi padre me exime de todo comentario adicional … Carta de Cusco

Un mes más tarde, Noviembre 2007, el Ingeniero me devolvió el favor. Ese año yo recibí el Premio Sadosky en la categoría de investigación por un trabajo conjunto con Giri Tayi, un colega mío de SUNY Albany. Como no pude asistir a la ceremonia, le pedí a mi padre que fuera a recibir el premio en mi nombre. Los directivos de CESSI Argentina habían invitado a la entonces presidente electa de los argentinos, a participar de la entrega de premios. Así que mi viejo, que nunca fue ni remotamente peronista, y que no tenía particular simpatía por la señora -esto no es un comentario político, es un dato de la realidad- recibió el premio de manos de Cristina Fernández de Kirchner. Mis hermanos decían jocosamente que yo me estaba cobrando el frio, el apunamiento y la borrachera de Cusco, y había mandado al Ingeniero al sacrificio.

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El Ingeniero recibiendo el premio en mi nombre, de manos de la presidente electa

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Al año siguiente tendría lugar la última participación de mi padre en un evento informático . USUARIA, a través de su Presidente, Alberto Chehebar, lo nombró Presidente del Congreso Usuaria 2008.

Congreso Usuaria 2008

Mi padre inauguró las sesiones, brindando una especie de retrospectiva de informática en Argentina, con la visión de uno de sus pioneros.

		Fuera del ámbito de docencia e investigación, mi padre tuvo 
		actuación en la función pública, cumpliendo funciones directivas en 
		el Ministerio de Obras Públicas, en ENTEL, en el Ministerio de 
		Planeamiento, y en el Servicio Universitario de Computación de la 
		UBA. Su paso por la misma tuvo el merecido reconocimiento de 
		aquellos que trabajaron junto a él, tanto por su capacidad e 
		iniciativa como por su manifiesta honestidad.

Fuera del ámbito de docencia e investigación, mi padre tuvo actuación en la función pública, cumpliendo funciones directivas en el Ministerio de Obras Públicas, en ENTEL, en el Ministerio de Planeamiento, y en el Servicio Universitario de Computación de la UBA. Su paso por la misma tuvo el merecido reconocimiento de aquellos que trabajaron junto a él, tanto por su capacidad e iniciativa como por su manifiesta honestidad.

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Mi padre fue miembro del Centro Argentino de Ingenieros desde 1959. En 1974 fue incorporado como miembro titular de la Academia Nacional de Ingeniería, y en 1983 recibió el premio Konex de Ciencia y Tecnología en la categoría Ingeniería Electrónica y de Comunicaciones y Computación.

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Eitel J.M. Lauría Delmar, NY

Referencias

https://en.wikipedia.org/wiki/Gregory_Chaitin

http://www.cessi.org.ar/libro-historia.php

http://www.cessi.org.ar/libro-historia.php

Espero que lo que sigue no suene irrespetuoso, pero quien haya cursado la carrera de Ingeniería en la UBA entre las décadas del  ‘60  y del ’80  quizás recuerde que una de la condiciones primordiales para ser docente de la cátedra de Mecanismos era ser calvo. Lauría, Falco, Biscardi, Isaacson, y varios más cuyos nombres no recuerdo… todos carentes de pelambre en la azotea …

Puedo agregar a esto una anécdota divertida que me tuvo de testigo presencial: en el subsuelo de Paseo Colón 850 convivían el Depto de Mecánica Aplicada, el Depto de Electrotecnia, y había también una peluquería en un lugar recóndito del piso. Me encontraba yo en el subsuelo una tarde de 1980 (o 1981) e incidentalmente me topé con José Isaacson, JTP de Mecanismos, a quien conocía a través de mi padre. Nos pusimos a conversar, y en el medio de la conversación se nos acerca un muchacho joven, presumiblemente un estudiante. El estudiante, creo hasta el día de hoy que tan inocente como caído del catre, se dirige al Ing. Isaacson (no a mí, que portaba profusa cabellera).

Estudiante: “Disculpe señor,sabrá Ud. dónde queda la peluquería?”

Ing. Isaacson (susceptible): “Mocoso insolente, me estás tomando el pelo, porque no te vas un poquito a la …”

Estudiante: “Señor, Ud. me ofende”

Telón… (mi padre casi muere de risa cuando le describí el episodio)